
Mucha gente piensa que la niñez es un periodo feliz y exento de responsabilidades, con muchos juegos y disfrute infinito, y se preguntan por qué muchos niños tienen pensamientos tales como: “soy feo”, “torpe”, “desearía estar muerto”, “tu no me quieres”; por qué muchos niños parecen tristes y melancólicos? por qué dicen que no hacen nada correctamente? por qué lloran sin motivo aparente?
En un adulto estas indicaciones de disforia o tristeza y de menosprecio de sí mismo son típicas de la depresión, pero en los niños su significado no es tan claro. Los niños también muestran otros signos de depresión. Pueden sentirse agitados o perder energía y estar cansados todo el tiempo. Pueden volverse reservados y mantenerse alejados de los demás, sus estudios pueden ir cuesta abajo, y el simple hecho de ir a la escuela puede ser para ellos un esfuerzo terrible.
Los trastornos de la niñez que influyen en el desarrollo son comparables a la conducta psicótica de los adultos.
Los trastornos de la depresión y de angustia pueden presentar cuadros semejantes o diferentes en la niñez.
La hiperactividad aunque ocurre en los adultos igual que en los niños, es más problemática y más frecuentemente en estos últimos, tambien vienen acompañados con diferentes ccambios en los estados de ánimo.
La conducta de los niños es variada y con frecuencia desconcentrada.
¿Qué padre no se ha preguntado ocasionalmente si debe tomar en serios los problemas de conducta que muestra a veces su hijo(a)? se requiere mucho tiempo para que las emociones de los niños tomen el barniz de la civilización y además al ser demasiado inexpertos para entender sus consecuencias, los niños a veces muestran una conducta tan exenta de inhibiciones, que los adultos no podrían siquiera considerar sin sentirse incómodos.
Muchas veces es parte del desarrollo normal como en la pubertad y adolescencia: los padres, maestros, vecinos deben aprender a ser pacientes y filosóficos con esta conducta desadaptada y extraña, que afortunadamente es transitoria.
No obstante la paciencia se acaba y los padres se deciden a hacer algo. Los padres se sienten responsables de la conducta del niño y se sienten culpables al reconocer que su hijo tiene un problema tan serio como para requerir ayuda profesional.
La conducta indeseable a menudo parece desaparecer del repertorio del niño y lo que era alarmante ayer podría no serlo mañana. Cuando los padres u otras personas intervienen, también corren el riesgo de darle demasiada importancia a un problema que podría desaparecer, si no se le pone la debida atención o empeorar si sucediera lo contrario.
ASPECTOS PECULIARES DE LA TERAPIA INFANTIL
Son diversas las formas de intervención clínica con los niños, y con frecuencia difieren de las que se emplean con los adultos.
