
El incremento de niños con problemas de conducta se debe en gran medida a los factores ambientales que los rodean, así como a la disciplina ejercida en su hogar. Los factores ambientales influyen en el comportamiento de los niños y de todas las personas. Estamos viviendo en una nueva era de la informática y podemos darnos cuenta que la sociedad está cada vez más tecnificada. Hoy los niños pasan mayor tiempo frente a un televisor que con sus padres.
Vivimos una decadencia en las relaciones familiares. Ya no existe la misma convivencia entre padres e hijos. La llegada de la computadora, el consumo de sustancias químicas en los alimentos, la escuela y la convivencia con otros niños, influyen en la formación de la conducta del niño.
Otro factor ambiental que afecta el comportamiento del infante, es el espacio que éste habita. Por falta de recursos económicos o porque cada vez son menos los miembros de una familia, cada vez más personas viven en departamentos, sin patio o espacios para jugar y no en casas. Hoy la mayoría de los niños conviven entre sala, comedor y habitación. No tienen un espacio propio.
Además del medio ambiente, otro de los factores de mayor peso que influyen en el niño son sus padres y la disciplina que éstos ejercen y dejen de ejercer en él. En la actualidad es común que ambos padres trabajen y que el niño quede al cuidado de una guardería o de las abuelas. El problema surge cuando los padres que pasan la mayor parte fuera de casa, quieren establecer y exigir patrones de disciplina que nunca han puesto en practican. Por los mismos factores ambientales la educación de padres a hijos a cambiado.
Generaciones atrás la disciplina era muy rígida y exigente. Ahora se pasó al otro extremo de la total permisibilidad. En muchas ocasiones dejan hacer al niño lo que quiera, porque dicen que es parte de su desarrollo y crecimiento. “No lo regañes, no lo obligues a comer, no le pongas limites, no lo castigues porque se va a traumar, etc”.
Se requiere establecer límites. Los más recientes estudios de psicología hablan del daño que puede generarse en el infante por no precisarlos. “Es más común que el niño se sorprenda cuando no le pones un límite, que cuando los estableces. Esto se debe hacer en los primeros cuatro años de vida, tiempo básico para su desarrollo posterior. Lo que aprendió en esta etapa determina en mucho su conducta futura”.
En otras ocasiones, los padres de familia esperan que los niños actúen de acuerdo con un patrón de adulto y cuando no sucede de esta forma, creen que el niño tiene problemas de conducta.
Debemos reflexionar sobre qué llamamos problema de conducta: ¿qué es lo que yo quiero que haga el niño, o qué es lo que está haciendo fuera de los patrones establecidos socialmente, como acciones agresivas, violentas, etcétera.
Un error en el que incurren con frecuencia los padres, es que exigen mucho según su estado de ánimo, dando como resultado que el mensaje no sea claro para el niño. Por ejemplo: el padre amaneció culpable porque su hijo se fue a una fiesta; lo que ayer no le permitía, ahora sí. Esto lo descontrola”.
También existen problemas de conducta causados por factores internos que no se pueden evitar, como alteraciones neurológicas.
Si los padres no hacen algo por controlar dichos factores, la situación puede convertirse en una “bomba de tiempo”. El niño a veces no tiene la culpa de desarrollar problemas de conducta. Es importante que los padres de familia se preocupen por establecer comunicación con sus hijos, para que puedan influir positivamente en la formación de éstos, a pesar de los factores externos que los rodean.
